Esa tarde, cuando todos se habían marchado, me adentré en aquella habitación, a la cual había decidido no entrar por un determinado tiempo, lucía un poco vacía, triste y sin luz. Era como si el tiempo se hubiera encargado de robarle la vida. A lo lejos apenas y podía observarse la puerta entreabierta del armario. Sin titubear me acerque hasta ella, y lo único que había dentro era una caja empolvada, (¡Eran los recuerdos de una amor olvidado!) No sabía si abrirla, no tenía mucho tiempo, sin embargo luego de un rato, me decidí a abrirla.
Fotografías y unas cuantas cartas formaban parte del repertorio. Y de pronto fue como si hubiese puesto un pie en el pasado, rebobinando sentimientos, recordando aromas, escuchando una y otra vez esa canción que tanto nos gustaba, con el recuerdo de tu mirada en mi memoria. Era sorprendente como apenas y recordaba el color de tu sonrisa, como el tiempo se había encargado de guardar todas esas sensaciones, dejándolas en el olvido.
De pronto escuché una voz, era mi presente tocando la puerta, y fue entonces que comprendí que visitarte y charlar con tus recuerdos no era malo, solo que jamás volverías a ser algo permanente!


