Bajo las sombra de aquel gran roble transcurrieron, muchos de nuestros veranos. En ese enorme patio jugamos, reimos y caminamos sientos de veces, como olvidarlo. Una flor y una sonrisa, una palabra y un sentimiento, eso es algo de lo que me cuesta trabajo guardar.
Consciente estoy de que cada fragmento de eso en la memoria se encuentra, pero añoro esos días porque las sensaciones de esos momentos alimentaron un poco mi alegría para enseñarme a imaginar, para enseñarme a soñar.*
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